Del hambre y la Constitución

Desde el hambre a la constitución, dos palabras que pueden resumir el rotundo fracaso de la izquierda militarista que en mala hora gobierna Venezuela. La crisis económica agobia cada vez más a los venezolanos, la escasez de alimentos así como los enormes niveles de inflación son peores cada día. Las colas en los abastos son milenarias y los productos cada vez menos. Igualmente la dantesca situación de la salud, no hay medicamentos, ni siquiera antibióticos elementales, la inseguridad delictual y la falta de oportunidades de desarrollo individual y colectivo son el drama a la que nos ha traído la gestión del actual gobierno quien cada vez luce mayormente solitario, decadente y anti popular.

Aunado a esta desproporcional situación económica y social, aparece ahora la otra parte de la crisis como lo es la actuación gubernamental saltándose la constitución y las leyes, colocando la república en una situación de anomia institucional, donde la anarquía y el imperio de los hombres se acentúa por encima del imperio de las leyes. Un país donde no exista el respeto a las normas constitucionales que viene a ser el contrato de convivencia social va rumbo al peor de los mundos; a ese mundo de violencia donde la elite militar cívico pretende desenvolverse para atornillarse en el poder.

Es decir la crisis de la decadencia, que tiene como conductores al ejecutivo nacional, al TSJ, al CNE y una parte del poder Moral, es producto de la malévola intención de crear un Estado autocrático, violador de las elementales normas civilizadas, sin derechos humanos y sin garantías constitucionales; donde hasta los dignos derechos inherentes al ser por medio del derecho natural sean desaparecidos en función de los privilegios de unos pocos.

Esa es la naturaleza de la propuesta política que desde la presidencia de la república se pretende al impulsar, con el apoyo cómplice de los poderes sumisos, desconocedores de la norma, una asamblea constituyente ilegal, inconstitucional e inmoral carente de todo apoyo popular y protagónico.

El país está en la calle, diferentes sectores incluyendo algunos vinculados al propio chavismo, levantan su voz en contra de este fraude constituyente que no tiene otra razón de ser sino perpetrar en el poder a la elite gobernante, en una especie de monarquía absolutista, sin libertad ni justicia.

Cada marcha, cada protesta, cada opinión o conducta irreverente de los venezolanos es un reclamo contra quienes nos hundieron en esta crisis; cada protesta por la falta de comida es una protesta por defender el Estado de Derecho, cada protesta contra la inseguridad, contra la crisis hospitalaria y de abastecimiento de medicinas es un grito que reclama nuestros derechos, cada joven fallecido a manos de la dictadura genocida era una luz de esperanza por tener un país de oportunidades para todos.

El gobierno luce entrampado, no tiene apoyo popular salvo el que proviene de la presión a los empleados públicos y que como toda amenaza tiene fecha de caducidad. Todos los días pierde apoyos importantes a lo interno e internacionalmente. Luce dividido, sin liderazgo, solo la inmensa botija del erario público que utiliza para manipular la pobreza. La irreverencia popular, democrática y pacífica no cesa, aumenta y suma voluntades, sobre todo porque la conciencia colectiva, hasta en el último rincón del país, aspira y desea cambio. Venezuela no se rinde. La constitución es el camino.

@LeoMontilla


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